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Facultad de Derecho. Elecciones del claustro de graduados.

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Es un orgullo para todos los que pasamos por las aulas de la Facultad de Derecho de la UBA reconocernos como sus graduados. Sus altos niveles de excelencia académica en la formación de los futuros profesionales del derecho y en la actualización de sus egresados son reconocidos nacional e internacionalmente. Es el mismo orgullo que sentimos cuando sabemos que todas las voces pueden expresarse pluralmente en sus claustros, donde la libertad de cátedra deja de ser solo una consigna para convertirse en derecho ejercido por sus docentes y alumnos.

Es un orgullo también, ser parte de una Facultad con integrantes a los que no les tiembla el pulso cuando hay que defender valores fundamentales como la Independencia de la Justicia, ante las amenazas de los poderosos de turno.

Es un placer sentirme parte de una comunidad universitaria conformada por estudiantes, graduados, profesores y trabajadores no docentes, donde generamos un cuerpo unido y solidario para mejorar día tras día el espacio donde se estudia y se trabaja en libertad, debatiendo y enriqueciendo nuestras visiones producto de respetar y promover el derecho a pensar distinto, y defendiendo al pluralismo del ataque de los cultores del pensamiento único de aquellos que consideran que “el otro” no puede tener razón. Más

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Democratización de la Justicia y otra oportunidad perdida

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La administración de Justicia necesita cambios profundos que democraticen su accesibilidad y mejoren su eficacia. La larga duración de los litigios, las deficiencias en la administración, la lejanía con los justiciables y la convicción que en general siempre ganan los mismos, resultan demandas que la Democracia, con sus casi 30 años, aún no pudo resolver.

Sobre estas y muchas otras razonables pretensiones el Poder Judicial, sus trabajadores sindicalizados, las universidades, los colegios profesionales y la sociedad civil debaten y generan propuestas de mejoras y cambios en forma continua.

Bienvenido hubiese sido que el Poder Ejecutivo se sume responsablemente con el Legislativo, a un dialogo indispensable para encontrar las mejores respuestas posibles a los problemas planteados, dotando a las políticas que se adopten de estabilidad en el tiempo si sus frutos son el resultado de acuerdo amplios que puedan calificarlas como Políticas de Estado.

Lamentablemente no fue esto la motivación de los proyectos convertidos en ley recientemente. Enojados por algunos resultados judiciales adversos, lo que el oficialismo presentó son las herramientas con las que piensa disciplinar a quienes no “comprendan” la necesidad de afirmar la vigencia del modelo en sentencias. Para ello se forzó la aprobación de seis leyes que reforman el sistema de administración de justicia, en un procedimiento que adoleció de vicios que por ser de formas, no disminuyen su gravedad a la vez que se lesionaron derechos.

Las medidas cautelares se extienden porque los procesos judiciales duran años, pero limitarlas, tal como declarase el Consejo Directivo de la Facultad de Derecho, tiene como contradicción que “la idea misma de las medidas cautelares es que duren mientras dure el proceso, si no, no tienen sentido”. Sumar burocracia con la creación de nuevas Cámaras de Casación, no mejorará los tiempos de la Justicia pero aumentará el control sobre su resultado; lo que es probable es que si prospera la modificación del Consejo de la Magistratura logren controlar el nombramiento y la destitución de los jueces, para que quienes deban interpretar la ley lo hagan en un juego “armónico” con la defensa de los intereses del “modelo”.

Aunque evitasen la casi segura declaración de inconstitucionalidad, y con las nuevas leyes el gobierno pudiese doblegar al grupo Clarín y enviar un mensaje ejemplificador, el precio sería el esmerilamiento de la división de poderes y el deterioro de derechos fundamentales amparados por la Constitución Nacional.

Aldo Moro, fue un importante político italiano que era Presidente de la Democracia Cristiana a principios de 1978 cuando fue secuestrado por las “Brigadas Rojas” que elevaron sus exigencias al gobierno para liberarlo. Al mismo tiempo uno de los líderes del grupo terrorista estaba preso y podía tener información del lugar donde lo tenían escondido.

El jefe de la policía, Carlo Alberto Dalla Chiesa recibió la sugerencia de torturar al detenido para obtener la información a cualquier precio o afrontar la probable muerte del líder político. Fue entonces cuando dijo:“Italia se puede permitir perder a Aldo Moro, pero no puede implantar la tortura”.

Lo encontraron muerto en el baúl de un auto el 9 de mayo de 1978. Italia pudo derrotar a las Brigadas Rojas y mantuvo vigente el orden democrático.

Publicado por Diario Inédito el 6 de Mayo de 2013.
http://diarioinedito.com/Nota/15041