Corren tiempos en los que el éxito ocupa el lugar que tenía el prestigio, donde los medios utilizados no tienen importancia, siempre que se alcance el fin.

El Estado ha dejado de ser de todos para pasar a ser del que gana, el que gana ordena ir por mas y se quiere quedar con todo. Ya no distingue, cegado por su “sin moral” navega solo tinieblas. Ha perdido la razón, usa la fuerza.

Los derechos son más derechos según quen los declame. A las curvas les dicen rectas, los niños son privilegiados salvo que, por ejemplo, se les ocurra haber nacido QOM o vivir en los bordes de las ciudades donde hay madres que lloran a sus hijos muertos, aunque todavía parezcan vivos.

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