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La muerte del Fiscal Nisman lacera la confianza de la sociedad en sus instituciones.

No es una muerte mas y tampoco se produce en un momento cualquiera.

Nisman, por decisión de las autoridades competentes para hacerlo, dirigía la investigación sobre la voladura de la AMIA. En ese contexto dijo haber encontrado pruebas que demuestran que hubo una conspiración, encabezada por la presidenta de la Nación, para encubrir el rol de Irán en el atentado, y así lo denunció judicialmente. Luego fue convocado por el Congreso de la Nación para dar explicaciones sobre su gravísima denuncia, aceptó el convite pero no pudo presentarse.

Apareció muerto.

Todas las subjetividades se hicieron presente desde temprano con diversas hipótesis orientadas según el prisma de quien la emita. Lo cierto es que aún no sabemos que fue lo que pasó y que nuestra historia reciente nos invita a la incredulidad.

Tienen la obligación de burlar el abismo de lo inevitable, esclarecer la verdad y alcanzar la Justicia; con el atentado contra la AMIA, la denuncia de Nisman y también sobre su posterior muerte. Todos tenemos el derecho de exigir que así suceda.

Ojalá que esta vez si, estemos a la altura de las circunstancias.

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